sábado, 15 de octubre de 2011

Illuminati - La historia secreta de la secta más temida Paul Koch

El autor cita esta frase del historiador Richard Hofstadter ¡La realidad es que la historia misma es una conspiración!”. Y como la primera labor de cualquier conspiración es convencer al resto de la sociedad de que no existe conspiración alguna, muchos son los que salen a desprestigiar, a despreciar las teorías de conspiración.

Los ciudadanos de todo el mundo han podido comprobar que las redes conspiratorias son mucho más sucias, complejas e inquietantes de lo que creían. Y que al frente de las mismas no hay un Señor del Mal, tirando de todos los hilos, sino que las responsabilidades se difuminan, se pierden, se deshacen en una maraña de datos y apuntes contradictorios que parece sugerir la existencia de grupos más o menos amplios de conjurados. 

 Y si es verdad señala, que existe un grupo de personas confabuladas para dominar el mundo, ¿quiénes son, exactamente? según a quien se la hagamos, obtendremos respuestas diferentes a esta pregunta. Algunas de ellas de lo más pintoresco, como las que achacan la conjura a distintos grupos, desde los judíos hasta los neonazis pasando por la CIA, el Vaticano, la Mafia la ONU, la masonería, las multinacionales y hasta los extraterrestres. Sin embargo, muchas de las investigaciones más serias llevadas a cabo en Estados Unidos durante los últimos años han hecho tomar cuerpo a una teoría específica que acaba señalando siempre en la misma dirección: los Illuminati. Los Illuminati o los Iluminados de Baviera, dirigidos por Adam Weishaupt, nacieron como sociedad secreta a finales del siglo XVIII en Ingolstadt, al sur de Alemania y, oficialmente, no sobrevivieron a ese siglo como grupo organizado.

Como veremos, un grupo cada vez mayor de estudiosos disiente y recuerda que los principales líderes de los Illuminati nunca fueron detenidos. Creen que desde entonces siguieron maquinando en la sombra y cedieron el testigo a sus sucesores, que operaron a través de organizaciones similares con nuevos nombres. El canadiense Williem Guy Carr, autor del clásico La Niebla Roja sobre América, resume así los planes de los Illuminati: la destrucción del mundo tal y como hoy lo entendemos, aniquilando la cultura occidental y el cristianismo, así como las naciones clásicas. A cambio, apoyarían la fundación de un gobierno planetario que instauraría un culto mundial a Lucifer y reinaría sobre una masa homogénea de seres humanos desprovistos de cualquier diferencia de raza, cultura, nacionalidad o religión, y cuya única función sería trabajar esclavizados al servicio de sus amos. Para forzar el éxito definitivo, los Illuminati se habrían infiltrado en sociedades internacionales, partidos políticos, logias masónicas, bancos y grandes empresas, religiones organizadas… impulsando desde estas instancias todo tipo de movimientos subversivos, crisis financieras y políticas, guerras y conflictos hasta crear una inestabilidad mundial insoportable.

Otros dicen que si una conspiración como la de los Illuminati fuera cierta, suele argumentarse, se sabría de alguna forma y alguien habría tomado medidas al respecto. Lo más notable del caso es que se sabe, y desde hace mucho, pero el ser humano tiene muy mala memoria. Sus planes se hicieron públicos en el siglo XVIII (por ello se les persiguió entonces) y la mayor parte de los datos que aparecen en este libro ya han sido publicados antes. Pero no se ha tratado de relacionarlos entre sí, de encajar las piezas unas con otras, debido, según algunos, a los múltiples entretenimientos que distribuyen los agentes Illuminati en forma de fútbol, programas de telebasura, revistas del corazón, juegos informáticos, etc., que absorben el tiempo y la mente de los ciudadanos. ¡Si hasta se permiten el lujo de parodiarse a sí mismos apareciendo como los villanos en películas como Tomb Raider, la primera adaptación al cine del personaje de videojuegos Lara Croft.

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